Xylófono

viernes, 28 de octubre de 2016

Globos




Si la vida fuera un viaje en ómnibus yo sería el nene que pregunta cuanto falta para llegar.

Me molesta que nadie mire al costado.
¿Qué le pasa a la gente que nos rodea?
¿Qué nos pasa a nosotros? ¿Es tan difícil salirse del papel?
Cortar los hilos de un títere solo requiere unas tijeras. No parece tan difícil. Pero creo que si tuviéramos una mínima noción del poco control que tenemos sobre las cosas enloqueceríamos.
El tiempo es inmedible, pero aún así lo fraccionamos en horas, días, años...
Y eso sigue sin hacer que podamos controlarlo como quisiéramos.
Es más, medimos todo.
Medimos en grados, metros, litros, cantidades y distancia. Medimos la inteligencia, el valor de nuestro trabajo, el tamaño del sol. Como si pudieramos más que soñar con él. 
 Pretendemos contar la  inmensidad desde abajo.
Alzamos nuestros ojos ignorantes hacia el cielo creyendo entender algo de lo que estamos viendo.
No se puede aceptar que no sabemos nada, porque incluso lo poco que sabemos lo sabemos porque otro lo supo antes.
Tener esa ansiedad que proporciona el creerse dueño de una verdad y darse cuenta que no podemos hacer nada.
Que jamás la vamos a  comprobar, que no podemos movernos del lugar en el que
estamos.
Eso nos hace adormilados, mecánicos, presos de un
sueño colectivo que llamamos realidad.

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