Xylófono

lunes, 11 de enero de 2016

Mentiras de seda

Hace poco que pasaron las fiestas, y me puse a pensar en el día que me enteré que los Reyes Magos y Papá Noel no existían,  se trata de un momento que marca un antes y un después en la infancia, y me atrevería a decir que lo primero que se nos viene a la mente es: "¿En cuántas cosas nos pueden engañar tan fácilmente? ¿Qué es verdad de todo lo que me dijeron?" Ese día nos damos cuenta de que existen los engaños y, peor aún, nos los creemos de forma fácil y sin dudar. Porque... si te mienten tus padres, ¿cómo no van a hacerlo todos los demás?
No sé si será que la persona que me lo dijo es la más importante para mí o por la frase que siguió a mi reacción. "Existen verdades con espinas, pero duelen menos que las mentiras de seda", me dijo mi madre. Hoy, unos 13 o 14 años después, sigo pensando en esa frase. Y también me di cuenta de que lo bueno del silencio es que no miente, pero lo malo de las palabras es que a veces dicen la verdad. Apuesto a que lo que te fue más difícil asumir en tu vida era una completa verdad, apuesto a que desearías que fuera mentira, estoy seguro que cuando te dijeron que una de las personas que mas querías se fue, tu cerebro estaba esperando que fuera una broma, que lo que te estaban diciendo no fuera cierto. Pero no es así, las peores verdades son las que más quisieras que fueran mentira, las mejores mentiras estás esperando a que se conviertan en verdades. 
Esta última realidad me lleva a hablar de los sueños. "Mis sueños son mentiras que algún día dejarán de serlo", dice Nach. A medida que vas creciendo los sueños cambian, poco a poco los vamos llevando a la realidad y los vamos cerrando, seguramente a los 11 te diste cuenta que no ibas a poder ser astronauta, a los 14 miraste con ojos distintos el sueño que tenías a los 11 de ser bombero, probablemente a los 19 ya sos un proyecto que se va alejando cada vez más y más de lo que un día soñaste y cuando te das cuenta, te convertiste en alguien completamente distinto de lo que quisiste ser. Si cuando tenías 6 años y la maestra te preguntaba que querías ser cuando fueras grande le diste como respuesta algo que hasta día de hoy crees viable, o mejor aún, te estás convirtiendo en lo que dijiste en ese momento o ya lo lograste, felicitaciones, sos parte del 2% que lo logró. 
El 2% es un dato completamente inventado, probablemente la realidad sea otra, a lo mejor, allá por el primer mundo los niños de grande se convierten en lo que soñaron toda su vida. Me alegro por ellos, mi realidad es otra.  Aparecen obligaciones, giros inesperados y períodos donde solo te mueve lo que llamo "la fuerza de la costumbre", de los sueños solo queda un soñador perdido,  que sabe que pasan los días pero que todos son iguales. Y de a poco nos van quedando las pequeñas cosas que, como decía mi abuela, "son las que nos terminan dando la felicidad"; la cerveza con los amigos, las miradas a los ojos con sonrisas de por medio, los consejos de los que queremos, el viento en la cara y las diversiones de fin de semana... Esas cosas nos hacen sentir bien, estamos cómodos con nuestro entorno y aunque en términos generales no hayamos cumplido la mayoría de nuestros sueños, buscamos otras metas. Hay quien simplemente se conforma con lo que tiene, a pesar de las tormentas mantiene el rumbo y simplemente agacha la cabeza. Yo me considero una persona feliz, no digo que no,  pero eso es simplemente porque me acostumbré. 
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