Me siento envuelta por dos sogas
que tienen impreso en ellas
el correr del tiempo,
el futuro incierto;
contienen el pasado,
los días errados,
contienen el presente,
con las lluvias en mi mente,
contienen fragmentos del futuro,
lo veo todo tan oscuro;
esas sogas me aprisionan,
me envuelven,
me asfixian,
me tapan y me someten;
siento que dependo del pasar del tiempo,
siento que me pierdo horas importantes,
a veces hay días que no hago nada interesante,

¿el tiempo puede perderse? 
¿todo aquel pasado, ya se perdió? 
¿de algo sirvió? 

a veces me dicen que no aprovecho
el tiempo que corre, que camina, que escapa,
a veces quiero retenerlo, estirar mi mano,
parar su trayecto,
pero todo es en vano;
él se va, no regresa,
y cambia mi vida,
y acorta mis días,
y hace que mis pesares se vuelvan más tediosos,
y que mis alegrías metamorfoseen en estrellas fugaces,

¿por qué será el tiempo tan mezquino? 
¿por qué lo consideramos tan dañino? 

le temo al tiempo,
pero no a la idea de él,
sino a lo que éste implica,
a las subidas,
a las bajadas,
a la madurez,
a la vejez;
a veces me pregunto si le temo a la vida
o a lo que ella hará de la mía.


El niño temblaba de miedo. ¿Por qué lo habían dejado sólo, abandonado a su suerte, en el medio del bosque? La oscuridad cubría todo el campo de visión del chico. Sus pensamientos volaban, inestables, volátiles. No tenía forma de saber qué camino tomar.

Pero, ¿por qué no habrían de dejar sólo a este chico, si no había hecho más que ignorar a todo aquel que alguna vez se había dignado a ayudarlo? Esquivando el contacto social, mostrando una capa de hielo sobre su exterior. Se merecía vivir en la penumbra de sus malos actos.

Existió, en un día distante, pasado, una luz. Un pequeño destello de luz que iluminaba el ambiente. Era un resplandor que funcionaba por cuenta propia. Que, a esa altura, nunca había necesitado de una fuente de energía externa para mantenerse encendido. Que irradiaba desde el interior más de lo que reflejaba del exterior.

Una particular noche, en la cual la oscuridad reinaba de punta a punta, el niño se encontraba caminando por un campo, sólo, con su pequeña esfera de luz. Iluminaba tan solo un par de pasos hacia adelante. En eso, otra luz, una luz igual de tenue, igual de débil que la suya, se hizo presente frente a él. Y él le compartió un poco de su luz. Y esta persona le compartió de la suya. Y de forma casi inmediata, estas dos esferas se convirtieron en un orbe, del tamaño de una pelota de fútbol. Y el campito se iluminó más allá de las cercas de alambre, más allá de los árboles.

Pero los excesos nunca traen equilibrio. Este orbe que habían construido entre los dos, levantó 250km/h por Ruta 8 y chocó de frente contra un camión. Se hizo trizas. En una pequeña pero intensa explosión, el niño salió volando hacia un lado de la carretera, golpeando su humanidad contra el suelo. Y ahí estuvo un par de horas, desamparado, a la intemperie. Cuando por fin pudo volver a recobrar sus sentidos, notó que a su lado yacía su esfera, resquebrajada, y su intensidad era la de una chispa en una fogata. El niño había perdido su escudo, su única defensa contra todo lo que lo rodeaba, y la penumbra inmediatamente volvió a reclamar su terreno. Sin dudarlo, enfiló hacia el bosque, donde el extrañamente reconfortante cobijo de la oscuridad lo esperaba. Esta vez no tenía miedo. Esta vez se manifestó una extraña sensación de pertenencia, de estar en el lugar correcto. De sentirse tal como en casa.

El niño construyó una casita en el lugar más recóndito del bosque, dentro de un entramado de espinas, un lugar al que sólo él podía acceder. Claro que no se la pasaba todo el tiempo ahí. A pesar de sentirse acechado constantemente por los peligros que existían más allá de su refugio, el chico estaba obligado a salir de vez en cuando, en búsqueda de alguien que estuviera capacitado para reconstruir su esfera. Los días pasaban cada vez más rápido, las horas de luz se hacían cada vez más cortas, y el panorama se veía cada vez más difuminado.

Y buscó. Insistió insaciablemente, y, a pesar de que su voluntad nunca mermó, los terrenos en los que se dedicaba a buscar se iban acotando cada vez más. Pero siguió buscando.

Habrán pasado años para que se diera cuenta de que, realmente, no necesitaba que nadie se hiciera cargo de sus propias heridas de guerra. ¿Por qué buscar una solución fuera de sí? ¿Por qué depender de las probabilidades del ambiguo exterior? Él se crearía sus propias probabilidades.

Se dirigió hacia el sótano, decidido a reparar la esfera con sus propias manos.


En algún lugar se esconde esa curiosidad vital de querer saber a quien te vas a cojer en unos días o donde va a parar tu alma después de dejar ésta experiencia humana, a veces, tan sólo a veces el universo trata de avisarte que no es relevante.
¿Que gracia tiene mirar al mañana cuando hoy no sos felis? (Sí, con ese).
¿Que gracia tiene decirme que feliz va con zeta y no con ese cuando ni siquiera tenés los huevos de expresar lo que sentís?
¿Que gracia tiene culpar a Dios por tus errores y quedarte con el crédito cuando todo sale bien?
No se trata de quién es más flaco o quién tiene la razón.
Todos jugamos al juego de la vida, desde el más nerd virgen con olor a chivo podrido hasta el más sopla pija popular pussy licker, nadie se salva.
Normalmente diría que la vida a veces es injusta, esta no es la excepción, la vida a veces es injusta. Duele sentir el gusto amargo del fracaso y aún no saber que sabor u olor tiene la victoria.
Dicen que para llegar al éxito hay que sufrir lo que no está escrito, pero si no está escrito entonces no sé que tanto debo sufrir.
¿Pero saben que es lo mejor de todo?
No sé.. esa pregunta no era retórica.

La soledad implica ser en silencio
la autoridad fomenta estar en el preciso momento
las lágrimas no cuentan cuentos
ni tampoco el amor es violento ( o sí ¿?)
friolento, me siento cómodo bajo el tormento
lluvia sobre la chapa claro que se escucha el viento
y siento, que vale oro todo lo que pienso
siempre tengo razón aunque no diga lo correcto.
Denso el panorama pensando acostado en la cama
si voy a prosperar o voy a andar siempre en pijama (pijama rosadito flúor)
no jodo con demonios pero tengo un crucigrama
no sé si esto es real o son todos hologramas
no soy poeta pero esto es parte de este popurrí
puta concha perra puta pija gordo forro gil
gorda trola zorra concha palida will smith
feliz nací feliz estoy y feliz voy a morir




- davus, crunck enterprise, ruben rada boys.

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Te quiero Martín.
Tomemos un segundo para ponernos a pensar en los elefantes que crean magnetismos. No tomar ese segundo literalmente como si fuese agua porque una medida de tiempo esta en la cabeza y el agua en (...)
¿Dónde está el agua? Digo, el agua esta en todos lados, ¿no? Esta en nuestro cuerpo, en el sopi, en una gran cantidad de vasos y esta en el cielo también.

Descansa.

Por ahí Dios es el agua, o Dios es todos los compuestos químicos, o dios es sin mayúscula. ¿Para qué existen las mayúsculas después de todo? ¿Habrá llegado Sir. Jhon Mayúscula un día y con ganas de hacerse el propio decidió que algunas letras estaban mas polentosas que otras?
¿Por qué esto solo se aplica en el papel y no en la fonética? Si hay que decir la frase "en mayúscula" cuando estamos leyendo un texto que, efectivamente, esta escrito con este distintivo tipográfico,
¿No es la mayúscula pretty much inútil? ¿Será que la mayúscula está quedando en el pasado? ¿Es la minúscula the new mayúscula? ¿Por qué estoy pensando en mayeutica ahora? ¿Será Socrates Dios? ¿Socrates existió realmente? ¿Si Socrates existió, y era Dios, tiene razón Nietzche cuando dice que Dios esta muerto?

¿Y si Socrates es solo un concepto y Platón estaba loco y la filosofía es una mentira que a la vez es verdadera porque no hay que dogmatizar? ¿Si Socrates no existió, pero es Dios, entonces Dios no solo no ha muerto sino que no ha vivido, entonces no existe pero tampoco existió y quien sabe si existirá? ¿Quién habrá inventado un concepto tan abstracto como Dios? ¿Habrá sido el tataratataratío segundo de Socrates?

¿Dios es EL AGUA EN MAYÚSCULA?
Ora y otrora fue el pasaje de la algarabía
Vocifera el eco grave
Comentándole a las aves
Que el plumaje de la bestia de un gruñido caería.


El vaticinio reza con cuidado:

"A los fieles de este escudo, seréis llevados en hombros
Los que abran fuego a la patria, arderán en el odio".


¡Ardan! ¡Ardan!

Cabezas de turco
Laburen como esclavos
Que así me divierto.


¡Vamos, ardan! Buitres desplumados

El eco vociferó alto
Y el plumaje se les cayó. 



Sentada en esta habitación a solas, con un puñado de poemas que un buen día te dedique, me dedico a soñarte. Con un par de risas tuyas escapándose de entre los cuentitos que me leías en el sofá, estoy, rodeada de las paredes que parecen cada vez más húmedas y frías. Me mira el techo con cara rara cuando ve que, nuevamente, tomo el lápiz y te escribo. La brisa suave, entra por la ventana sacudiendo a las cortinas a quienes empapa de llovizna, y a mi con un par de lagrimas inquietas con ganas de jugarse una maratón hasta la comisura de mi boca. Me acompañan hoy tu recuerdo, un cigarrillo y el cuaderno: Mi fiel compañero de depresiones y bailes sin razones. La lluvia afuera pareciera mojar todo, menos la flor marchita, que guardo dentro de mi pecho desde ya hace un tiempo. Señora luna se me pone a conversar a veces, pero no estoy de humor para sus consejos, yo, muda, me aíslo y la callo de un arrebato. Son noches bebiendo canciones, fumando estrofas amargas para alivianar el caos que pinto en estas páginas. Intentos fallidos mil veces. Sigue la esperanza de sacarlo todo hasta que no quede nada aquí dentro, pero es que estas tan agarrada que ni el olvido se te acerca. Dos por tres te leo algún libro en voz alta, como si me escucharas, con tanta emoción que cada signo de exclamación tiembla al ser leído. Pero llega el punto final y se me apaga la voz y se me destruyen los esquemas. Sentada en esta habitación, con el mismo puñado de poemas, los mismos que un buen día te dediqué, me dedico a hacerte el amor con esta tinta que hoy, vacía, me confiesa: "Me cansé de escribir en nombre del dolor."
Happily
my dear beloved
my bones
are in peace besides 
of my dead body
All my  memories
will be the flowers
over my grave
and very tiny birds
comes to visit me
past the evening
So
I´m not alone
I am a blend of a delicious chaos
soil mud
dried leaves
stormy winds
scandalous and small worms
in a world without noise
full of music
possibly
a Gould variation
to falling asleep

Me quema y ardo. Me ensucia y sufro. Toma mis entrañas sin permiso y tira, y no sé si lo hace con el propósito de admirar mis raíces o simplemente para burlarse de ellas. Usted, tantos años dentro de mi y yo sigo sin conocer sus intenciones. Me llama su hogar y yo lo cuestiono. Habita en mi buscando protección, pero ¿Cómo me protejo yo de usted? ¡Hombre, ¿no ve que cada caricia de usted es una herida en mi alma?! ¡Hombre, abra los ojos! ¡Me está rompiendo! Me está rompiendo para satisfacerse, para cuidarse usted. ¿Y yo donde me cuido? ¿Dónde me escondo yo de tanto mal?
Mis ríos sangran, mis mares lloran y no se da cuenta que de a poco muero. Que de a poco morimos. ¿Cuando caerá en la cuenta de que mi destrucción va de la mano con su destrucción? ¿Qué si yo caigo, usted cae? Y le aseguro con las pocas fuerzas que me deja que no habrá nada abajo para mantenerlo de pie, tan solo el vacío tratando de ahogarlo.
No haga que nada ha pasado, no mire hacia un costado y finja que no existo, que no estoy, porque soy yo la que lo sostiene, la que lo mantiene a salvo. Y aunque no se atreva a admitirlo, soy lo único que tiene, lo único que le queda si se queda solo. Me arrodillo pidiendo piedad. Rogándole que no permita que mi cuerpo se vuelva cenizas, que su cuerpo no sea parte de una tierra infértil Imploro calma en mi interior y sabe que solo usted es capaz de brindarmela. Que contradictoria resulta ser la vida que la persona que provoca mis tormentas es la misma con el poder de calmarlas. No sea cobarde Hombre, ayúdeme a sentirme viva de nuevo. Apacigüe mis aguas, grítele a mis tornados y pídale que se detengan, porque me duele. ¡Haga algo! ¡No cierre los  ojos y simule estar ciego! Porque pronto, cuando se acerque el momento de estallar, quien elegirá pensar que usted no existe, seré yo. Porque recuerde: si yo estallo, usted estalla conmigo


Ese aroma lo recuerdo
Porque entre palabra y palabra
Se forma un puente
Que me devuelve a ti.
Me toma por los hombros
No me fuerza a mirarlo
Me entiende; lo entiende.
Es hermoso
Vivirlo es hermoso
Porque no me apena llorar
Porque me siento en sintonía
Y lo que existe entre el tiempo y yo
Es explícito.
Si me abrazo a la melodía
Siento que vuelvo a ti
Siento que siempre te tendré
Y que ya no me importa vivir
Porque eterno seré.
Como el croar de los sapos
Arropados por las noches del poblado
Visitemos una vez más
El puerto
Azul, celeste
Miremos a nuestros hijos crecer
Y explícame
Por qué el óleo con el que te pinté
Jamás secó.
Explícame
En qué momento del curso
Los grandes maestros levantaron cabeza
Para aprender del croar de los sapos.
Llámame a través de otros
Que me lleven por los pies
Que tiren las joyas y me bañen en perfume
Para empujarme al lodo
Donde espero ensuciarme entre risas
Ya que vivir no importa
Porque contigo
Eterno seré.


3/12/16




Y cuando quiero ver, tengo ahí, la oportunidad de patear todas las puertas que siempre quise abrir, la chance de tironear mi futuro de los pelos y moldearlo a mi conveniencia. Cuando quiero ver, me doy cuenta que todo lo que me rodea es donde siempre imaginé estar. Pero no está para mi, existe la chance virtual de que sea mío, lo mínimo que puede pasar es tener una prueba gratis de todo eso, no es que vaya a quedarme con las manos vacías tampoco.

¿Qué es lo malo de todo esto? Mejor dicho ¿Qué es lo que me lleva a mi a plantearme esto?
Que todo gran salto implica el miedo a la caída, que en todo giro de 180° nace el miedo de no saber donde está tu espalda; que en todo golpe, existe la chance de que te duelan los nudillos.
Más específicamente tengo la oportunidad de cambiar toda mi vida -la cual hace rato me aviso que no llega a los 90'-, una nueva esperanza, un resurgir.

Pero el miedo en particular es perder ciertas cosas que amo de la actual vida, estas cosas de las que no puedo, no quiero y no es posible despegarme.
Porque todo fracaso es descartable, pero las buenas cosas suelen ser ánclas, que cuando vas volando mal son lo que te baja a tierra; pero luego es complicado que logres despegar los pies de la misma.

Admiro a la gente que está libre de anclas, su vida es tan sencilla, tan simple, tan, tan, tan -no me da la capacidad expresiva y me enoja estar tan lejos de ellos como para siquiera poder imaginarmelo-.

Cada ancla te rescata de un vuelo fallido, de un despegue inconcluso, pero te acerca más a la tierra. A la tierra de los miserables.
Miserable es todo aquel que vive para morir, toda persona que tenga miedo a volver a volar. Todo ser humano que decidió echarse a morir descansando su hambre natural de gloria en el destino y las casualidades -quien no llega a nada es porque no intenta nada-.
No tengo miedo a tomar vuelo, de volver a desplegar mis alas emparchadas y soportar el ardor de cada aleteo -que arde mås que nada en el alma, no porque sigan lastimadas- porque a cada movimiento estoy más lejos de casa.

Supongo que cada ancla pesa según la altura a la que estabas cuando comenzó a fallarte el motor.
Aunque estemos hablando de sentimientos es más una cuestión física: a mayor altura más fuerza vas a necesitar para tocar el piso, y tu pozo va a tener una profundidad acorde a la fuerza con la que tuvieron que bajarte (o sea que en mi caso no se trata solo de anclas, sino también de pozos e impactos).
¿Será que mis anclas pesan tanto que no puedo levantarlas y llevarlas conmigo o será que tengo miedo de que me cueste salir del cráter que pueda originar mi caída?


El calor abrasador del ambiente me despierta, y al abrir los ojos veo una habitación enrojecida por el estampado de las cortinas que cubren las ventanas de tu cuarto; el sol las golpea sin piedad y al pasar a regañadientes la luz, se tiñe del rojo de la tela. El gran ventilador, de mi altura, negro y silencioso, está apagado, sin explicación aparente; y siento la necesidad inmediata de caminar hasta él para encenderlo. Sin embargo, me encuentro con tu brazo reposando en mi cintura, y tu mano, tus nudillos, tu muñeca, se encuentran colgando sin preocupación alguna; me brinda tanta seguridad estar bajo tu piel, y siento que estoy en el mejor lugar en el que podría estar; no quiero moverme, no quiero que el mundo siga girando.
Puedo sentir tu respiración en mi nuca, y sonrío, estamos en el mismísimo infierno, sofocados por el calor, y ni eso nos detiene a estar más juntos de lo humanamente posible, a reducir al mínimo la distancia entre nuestros corazones.
Intento soñar con algo, fantasear durante unos minutos, intento decorar el ahora con un poquito de mañana utópico. Me esfuerzo, no comprendo, insisto, mi cuerpo se resiste. Mis neuronas están demasiado ocupadas disfrutando la belleza de tu presencia, como para clavarle un puñal asesino al momento mágico que ocurre en este lugar del espacio-tiempo. Te quiero.
Quito tu mano y me pongo de pié, abro las ventanas y enciendo el ventilador. Tus ojos se abren apenas, y confundido sonríes. Un abrazo, eterno y efímero. Nuestros poros se unen y tu cuerpo y mi cuerpo sintonizan la misma frecuencia. Hacemos del cuarto nuestro mundo, y desplegamos ahí la libertad de nuestras bocas. Dejamos que nuestros seres corran libres por el espacio, que me cuentes de tus miedos, que sepas sobre mis fracasos. Que tus sueños y mis sueños charlen mano a mano, y descubras quizás, que sos mi más grande anhelo.

Y me rascás el cerebro, escarbás, ves donde nadie ve e interrogás donde nadie cuestiona nada. Transformás con elegancia la tierra, firme, en una cama de agua, inestable y movediza. Y las partículas de mi mundo comienzan a moverse más libremente, y yo soy más yo, y vos sos más vos. Y cuando nuestros ojos se miran tan intensamente que se rompe el mundo y se crea un puente entre nuestras consciencias, ahí mismo, sucede a veces, que nuestro suelo se rompe más, y ya no hay cama de agua, y ya no hay tierra; hay aire, mucho aire, y flotamos con parsimonia, y ahí si, en ese momento, nuestras partículas – vos y yo – somos al fin, libres.  
Ponele, que cuando nacés estás varado en el medio del mar. Arriba de un barquito con dos remos, un gorro y una botellita de agua.

No sabés donde estas, ni a dónde vas, pero te mueve el deseo innato de llegar a tierra firme. Desconocés donde quedan las orillas, pero sabés que la única forma de llegar es remando en determinada dirección*, no sabés cuál es la correcta, pero se cae de evidente que hay que jugársela por un de ellas, sin amagar, sin vacilar. Las dudas solo retrasan tu viaje, que de todas formas -avances en el mapa o no- sigue siendo parte de éste.
Quizás, no siempre se dé de esa forma, muchas veces la corriente cambia y cuesta darse cuenta, se te cansan los brazos y para cuando ya es obvio, normal es que te quieras partir un remo en la cabeza. Pero no podes, ese remo es tu garantía, estás atado a él, por lo menos, hasta llegar a la costa. Te vas a encariñar con el remo, de tanta soledad quizás busques refugio y satisfacciones en objetos inertes, como el Naufrago, cuando da vida a Wilson ¿Se acuerdan de esa pelota de volley con una carita marrón caño que acompañaba a nuestro amigo antítesis de Gillette?

Tenés también, una botella de agua -esta es tu ventaja-, creo que representa los lujos o las facilidades que se presentan en tu vida.
Demás está decir que mientras más grande sea, más facilidades vas a  tener, pero más pesado será el viaje.
Ésta viene empaquetada por una fábrica, de la más alta calidad, con una reluciente etiqueta de marca registrada; el placer visual del capitalismo.
Hay agua en todos lados donde tus ojos lleguen a identificar, no tenés ni puta idea de si estás en un río, un lago, o un océano; no sabés si es potable, pero solo esa, esa, es la que estás seguro que podes tomar ¿Para qué vas a arriesgarte abusando? (Porque es natural que no pruebes tomar agua del entorno antes de haber abierto la botella, sino cuando ya no te queda nada de la misma; nadie te va a juzgar por eso, campeón/a).

El gorro, el gorro es la parte vital de todo esto. Con el cerebro enviás impulsos motores a los brazos para que remen. Pero también, te taladrás la cabeza con la mecha más gruesa que exista pensando en todo el camino que te falta o en lo cansadas que sentís tus extremidades. Pensás, el pensamiento es lo que te permite medir distancias y sufrirlas; pero las distancias marcan la importancia del camino y tu interés en completarlo. Me parece que lo más vital es cuidarte el bocho y para eso, es que vino nuestro precioso gorro. Puede ser de la manera que quieras; pescador, de esos de visera plana, capelina o inclusive un nikeFit rosado fluo con la pipa verde, el que quieras.
Pero sea del material que sea, el sol lo va a recalentar y te va a empezar a molestar, vas a quemarte el gorro y la única solución en esos casos -para mi-, es sacártelo un ratito, mojarlo y ponértelo otra vez. Parece fácil ¿No? Ahora pensá ¿Cuánto cuesta reposar un poco la cabeza sin pensar en absolutamente nada?
El silencio es una falacia, en cualquier religión, culto, país o medio. No existe, ni auditivo, ni mental.
Por un ratito podes hacer el esfuerzo y sacarte el gorro, exponerte y refrescarlo; pero cuando te lo pongas vas a sentir culpa de la insolación que podes llegar a agarrarte. Porque no conoces otra cosa, y por inercia, creo que todos tendemos a creer en lo malo. Por eso mismo, no te quemes el gorro, refrescate. No siempre es conveniente esperar a la noche, para que cuando ya no pegue el sol, éste se enfríe.

La noche es un alivio del sol, sol que estuvo todo el día alumbrándote, haciéndote saber que estás lejos de la orilla y quemándote la piel. Ayuda a ignorar y nos suelta al miedo de lo desconocido, pero muchísimas veces, lo desconocido presenta factores atractivos y es cuestión de suerte que éstos no terminen arruinándote; porque hasta en la noche más tranquila puede desatarse una tormenta. Y es verdad que 'un mar en calma nunca hizo un buen marinero' como leí por ahí alguna vez. Pero lo más hermoso de la tormenta es ese factor extraño, aleatorio, que permite acercarte a la costa o darte vuelta el barquito -que por cierto no está hecho para soportar una tormenta-.

Perdón, me estoy tomando el tiempo de ponerte a vos en una posición ¿Y yo?
Yo me tomé toda el agua para embriagarme de lujos y una vez que esta se me acabó, decidí llenar la botella con el agua que el entorno me ofrecía para descubrir que si podía tomarla; que la sed se mata con lo que sea, el tema es tener la suficiente como para imaginar que el contexto es tu botella y confiar, soltarte a confiar en lo que la vida te puso ahí, tan evidente, tan tangible. Pero bueno, antes de llegar a eso tuve que deshidratarme a lágrimas por miedo a no poder volver a tomar otra vez.
En cuanto a los remos, me pasa que una vez se me ocurrió que remaba tan bien, que terminé remando con una sola mano y aplaudiéndome con la otra. No hace falta que explicar que remar con una mano, es hacerlo en círculos, el ego es correr en círculos queriendo morder la zanahoria que yo mismo me puse en la frente.
¿El gorro? Todavía no se me había ocurrido ponerlo en agua, hasta que pasó otro naufrago por mi lado y me tiró ese pique -les recuerdo que no pude seguir su ritmo ni escuchar más consejos, estaba ocupado aplaudiéndome-.
¿Y la orilla? Me pasó que una vez que estuve allí, extrañé el mar. Ya estuve rodeado de arena y me dio miedo explorar la superficie que estaba más allá. Que se te quemen los pies es mucho más jodido que el gorro. Y no creí que haya sombra para resguardarme, ahora, como un idiota, les escribo desde el medio del mar, queriendo llegar al otro lado, que probablemente sea de donde vengo; porque no había pensado antes en la posibilidad de la sombra.
Pero calmado, al menos ya aprendí a nadar, no me mareo tanto con el movimiento de la corriente y tengo la esperanza de encontrar una sombra...