Xylófono

domingo, 15 de enero de 2017

Agobios

Subirse al bondi, sentarse (o no), pero enchufarse los auriculares y empezar a divagar entre cada pensamiento que inunda nuestro bocho.
Cuando me siento, me gusta deleitarme mirando a través de la ventana, y la mayoría de las veces, observando el pasar de la vida.
Imaginando que la velocidad del bondi es la misma con la que pasa mi vida, y me he llegado a cuestionar si la vida no pasa más rápido...
¡Qué locura!, es lo que pienso siempre que se me ocurren pensamientos como esos.
Cuando lamentablemente, (y para mi desgracia) me toca viajar parada, no me agobian los mismos pensamientos. Cambia el panorama, ya no se ve gente caminando prestando exclusiva atención al invento infernal más conocido como celular, no se observa lo mismo, creo que se ven cosas peores, o algo así.
El ir parada no me significa ir sin auriculares, ni mucho menos!
No tener asiento significa primeramente ver como la gente duerme sin percatarse de nuestra existencia, los que estamos siendo castigados de la peor manera.
¿A que me refería cuando los pensamientos son peores? a que el sufrimiento te lleva a observar cada caso, ver como suben y bajan, intentar ver el título de los pocos libros que se observan a lo lejos, y que tristemente nunca hay más de cinco.
Al ver como la gente sube y baja, se me pasa por la cabeza el pensamiento de asimilar eso con mi vida, con la gente que se baja en la siguiente parada, o la que afortunadamente se baja en destino.
Obviamente que en algunos casos es preferible que algunas personas se bajen apenas subieron, pero otras veces, me quedo mirando por la ventana y viendo como una persona se aleja lentamente de mi vista, y de mi vida.
¿Qué loco no? que un viaje en bondi signifique todo eso para mi, que no sea únicamente el deseo de tener un auto y no tener que bancarme eso nunca más.
A veces deseo subirme a un bondi y que mi bocho quede en blanco, que no aparezcan nunca más esos pensamientos agobiantes, poder ir tarareando lo que escucho en mis auriculares, o leyendo un buen libro que me haga irme de la realidad un rato, pero que difícil...
También me gusta imaginarme el caso hipotético en el que yo tuviera mi propio auto, y por más raro y estúpido que suene, prefiero viajar en bondi.
Ir en auto implica estar solo (o no), no imaginar las cosas que se me pasan por la cabeza cuando voy en el 123, no tener que presenciar la cantidad de situaciones absurdas que me tocan vivir en el día a día.
Qué aburrido debe ser ver el tránsito, pero no pensar en que ridícula está vestida una persona, o que bueno que está el que se subió recién.
Tener auto propio para mi significaría ser parte de lo que me quejo diariamente, la gente que no le importa nada más que llegar en hora a la oficina y que el aire acondicionado funcione perfectamente.
Aguante el 123, la vida y los pensamientos que se convierten en agobios.


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